jueves, 26 de agosto de 2010

Yo confieso: vivo en la Castañeda :S

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Mientras me dispongo a preparar un sandwich para la hora del almuerzo, tocan el timbre, nadie contesta por el interfono, oigo muchas voces que no logro entender qué dicen y acto seguido escucho algo parecido a un azotón de puerta y vidrios rotos dentro del edificio… abro la puerta del departamento y lo primero que veo es un policía bajando por las escaleras, al mismo tiempo que mi sentido del olfato detecta un desagradable olor a humo.

Y como nunca he escuchado un balazo tan cerca, mucho menos lo he olido… pues fue en lo primero que pensé: policía más olor a humo igual a ¡un balazo! Disculpen a mi ágil raciocinio. ¡No hombre! lo bueno es que desde hace mucho no veo la tele ni mucho menos esos noticieros que esas dos, tan prestigiosas y confiables televisoras nacionales transmiten… ¡con mi mente basta y sobra!

-¿a quién mataron? ¿a quién asaltaron?- Se pregunta mi catastrófica persona mientras me meto, recojo a Lola, mi teléfono celular y ya frente a la puerta, dudo si abrir o no, porque ¿¡qué tal si hay más balazos!?

Hago acopio de valor y decido salir -sin Lola para asegurarme que no hay peligro- me abro paso entre unos seis o siete policías que suben y bajan muy serios ellos, sin mirar al rededor, muy concentrados en su ardua labor, miro hacia arriba y veo una espesa nube de humo, -¡¡¡peligro de incendio!!!- pienso un poco alarmada y muy confundida por la presencia policiaca, regreso por Lola, a lo lejos escucho una voz familiar, viene del lobby ¡es una de mis vecinas! Bajo empujada por el humo y por el morbo, que a veces es más espeso.

-¿Qué pasó?- pregunto un poco aliviada al ver que no había peligro, pues ya estaban en la recapitulación la portera y la vecina -¡“adoptada” dejó comida en la estufa y se estaba quemando su departamento! ¡no hay nadie, dejó su comida y se fue!- declara la vecina toda alterada y asustada mientras me muestra sus manos temblorosas, consecuencia de la angustia que vivió. Los policías siguen subiendo, bajando y tosiendo, -mi esposo ya subió a cerrar las llaves del gas- comenta la lívida portera, regreso a Lola a la casa, subo un cinco escalones y alcanzo a ver que “adoptada” se quedó sin puerta, los policías la tiraron. El administrador, el hombrecito japonés, regordete, bajito, macho y misógino, que es vecino de piso de “adoptada”, está ahí, paradito entre su departamento y el de “adoptada”, callado, azorado, también tose y tampoco se percata de mi presencia, está observando al vacío, al infinito, entre los pedazos de yeso y madera que hay en el piso.

Regreso al lobby, entre los policías que no dejan de subir y bajar ¡caray! ¿¿¿cómo se apagan??? -¿quién se dio cuenta?- pregunto por preguntar, sin saber para qué quiero saber eso, simplemente salió de mi boca así -no sabemos, simplemente empezaron a tocar todos los timbres pidiendo que dejáramos entrar a la policía- dice la vecina –pero cuando me asomé, ya estaban todos adentro-.

La puerta del lobby está abierta, ahí me doy cuenta que los policías no solo suben y bajan, también salen y entran, la gente que camina por la calle, no puede evitar asomarse, algunos más discretos que otros, pero todos miran; las vecinas de la casa de en frente ya están en la puerta mirando hacia el edificio humeante y humorístico.

Llegan los bomberos, estacionan su camionsote frente al lobby, con sus sirenas casi tan pitudas como la voz de mi vecina, con sus torretas giratorias encendidas, ellos portando sus trajes y cascos, entran sin voltear a vernos, muy rápido y muy serios, afuera se escucha un rechinido de llantas y más vidrios rotos, el último bombero en subir, sale del trance voltea hacia nosotras y pregunta un tanto temeroso -¿el camión?- a lo que la portera le responde –sí, el espejo, fue un micro …¡y ya se vaaaaaa!- mientras atrás de la voz de la portera, se escuchan vidrios que machaca el micro en su huida.

Al bombero se le olvida la emergencia, baja corriendo las escaleras y sale a la calle a ver cómo se va el micro, uno de los policías que ya estaba afuera, para tranquilizarlo le enseña su libretita donde anotó las placas, mientras por radio se las dicta a un compa, el bombero entra en trance nuevamente y sube serio y rápido para alcanzar a sus compañeros al departamento de la emergencia –todo en cuestión de un minuto ¿eh?- y yo ¡en primera fila nuevamente! Me asomo a la calle y tres cuadras adelante ¡¡toma, toma, toma!! ¡el microbusero prófugo es aprehendido por una patrulla! ¡Juro que quise aplaudir!

-¿Está pasando realmente todo esto?- introspectiva me pregunto, con unas ganas inconmensurables de carcajearme en medio de tanta tragedia, pero me contengo, pues seguía la calamidad, ahora ¡adentro y afuera del edificio!

Seguimos en el lobby especulando y remembrando las experiencias de vida que nos ha legado “adoptada”, así recordamos cuando explotó su cocina por dejar abiertas las llaves del gas y la calle se alfombró de vidrios, cuando ha dejado su auto encendido por más de una hora dentro de la cochera, cuando a sus hijos los gremlins, los han tenido que descolgar de los barrotes de las ventanas o del balcón por una atenta invitación de algún samaritano automovilista que transita por Patriotismo, cuando inundó su baño y el agua encontró salida por la lámpara del mío. Mientras, las vecinas de la casa de en frente siguen mirando hacia la entrada abierta del lobby del edificio, cuchichean entre ellas, no pueden más, es demasiado para ellas, ¡ya no aguantan! una de ellas se decide, cruza la calle y se dirige a mí -¿pasó algún accidente?- pregunta “preocupada” la morbosa vecina, yo pretendo no darme cuenta que fue presa del morbo –una vecina dejó cocinando algo y se quemó, pero ya pasó, muchas gracias por tu preocupación- le contesto amablemente. Desilusionada y sin decir nada, la vecina se retira hacia el otro lado de la calle, ¡pobre! no lleva buen material para sus comadres.

Justo cuando nos estamos despidiendo, hace su entrada triunfal “adoptada” y sus gremlins, por los uniformes y las mochilas, asumo que fue por ellos a la escuela. Nos mira de reojo y sin pronunciar palabra alguna emprende la retirada hacia su departamento cuando abruptamente la impaciente portera se dirige a ella –señora, algo en su cocina se estaba quemando y vinieron los policías y los bomberos- “adoptada” se detiene y voltea a ver a la portera, la imagen se congela cuando ella está por subir otro escalón, se hace el silencio por unos segundos -¿qué se quemó?- cuestiona “adoptada” –no sé, yo no entré, pero dijeron que era algo que estaba cocinando- responde la portera –no, yo no cociné nada- replica “adoptada”, mientras las otras observamos la escena, espectantes de su reacción, –pues tuvieron que tirar su puerta para entrar, ya ve que yo no tengo llave- la portera continúa dando parte de los sucedido a “adoptada” -¿a poco?- “adoptada” pregunta incrédula -sí, había mucho humo y salía de su casa- insiste la portera -¿a poco?- repite en automático “adoptada”, como si le estuvieran diciendo que hicieron pollo rostizado para la comida… -gracias Liz, ahorita veo qué pasó- concluye “adoptada” y se descongela la imagen del escalón para continuar ascendiendo hacia su departamento sin puerta.

Ya nos íbamos, pero no lo hicimos, seguimos en el lobby, mirándonos unas a otras, ninguna puede creer la reacción de “adoptada”, o mejor dicho, la nula reacción que tuvo, cuando súbitamente se escucha un grito desgarrador que proviene de arriba y de la misma garganta de “adoptada” -¡¡¡Elizabeeeeeeeeeeeeeeeeeeth!!!-

La portera responde al llamado desaforado y sube hacia el departamento, nuevamente en el lobby se hace un gran silencio, donde otra vez, solo cruzamos miradas, tras unos minutos de espera, baja la portera para dar el informe oficial –dice “adoptada” que no pasó nada, que su cocina no se quemó, que está igual de limpia que cuando la dejó, que solo se chamuscó un bistec y que Francisco le ponga su puerta-

Así fue, así es que me reincorporo a la tarea de concluir el sandwich que dejé a medias ¡por un pedazo chamuscado de bistec!


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“¿¿¿Qué harías si descubres que se te chamuscó el bisteeeeeee????
¡¡¡Que paaaasee la adoptaaaadaaaaaa!!!
¡¡¡¡Que corra el videoooteeeeeiii !!!”



3 comentarios:

  1. Jajajajajajaja no inventes estoy riendo como hiena loca...y en la biblioteca! ¡Me van a correr! ¡Tienes una vecina de verdad enferma! Pero me encanta por que me hace reir mucho y mas por como lo cuentas.

    Es genial observar a la gente y darte cuenta de que no estas tan mal jaja. Yo amo ir al aeropuerto y observar a la gente, es raro pero conoces personas de todo tipo y tienes muchas historias buenisimas para contar.

    Algun dia te contare como choque y todo el espectaculo que se armo en la calle, Pa que igual te rias, del escandalo que arme. Soy experta en eso.


    Deberias escribir tu propio libro de cuentos..con todas estas historias locas.

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  2. jajajaja, eres muy ágil para contar las cosas. Qué bien que estás la "promovidera" de tu blog. Esperanza

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  3. @ Sof: gracias! luego me platicas tu choque, el morbo, digo la curiosidad hizo al creativo! XD jijijiji
    @ Esperanza: gracias! te mando un abrazo! :)

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