viernes, 3 de septiembre de 2010

Un viernes común y corriente ...muy corriente


Hoy regresaba plácidamente como a 10km/hr por la lateral del Circuito Interior, después de haber logrado sobrevivir al periférico enchamucado por Peña Nieto, me disponía a ingresar a los carriles centrales –a la altura de Chapultepec-, muy cantadora y deseosa de llegar por fin a mi casa...  una damita no me dejó pasar, se lo pedí con la respectiva e ignorada direccional y toda muy amable yo, hasta le sonreí y le hice ojitos como el gato de Shrek, mientras con la mano le hacía la seña de "por faaaaaaaaa déjameee pasaaaar ¿¿¿¿síiiiiiiiiii????"... y pues no, mis habilidades seductoras fueron aniquiladas con su dulce respuesta, mientras aceleraba y frenaba con vehemencia y demencia su "vochito" tratando de hacerse uno con el auto de adelante, se contorsionó para asomarse un poco excitada por la ventana del copiloto, con la cara desencajada  y con una tierna voz aguardientosa me gritaba "¡fóooormateee, fóooormateeeee!" -¿p’os dónde más hay que formarse, si ya vengo formada para entrar de la lateral?- me cuestioné un poco confundida. O__o  -…tal vez me perdí de algún trámite-

Después, un don harto amable me dejó pasar y por causas y azares quedé atrás de la damita, ella iba haciéndome señas por el retrovisor -de esas que no son muy cordiales-, haciendo alarde de mi control mental y de mi madurez emocional, continué mi camino ingnorándola, hasta que más adelante decidí cambiarme de carril para esquivar a los que dan vuelta en Benjamín Franklin... y gracias a la morenaza, avancé más rápido (a 20km/hr jaja) y al rato sorpresivamente me alcanzó la mentada damita, para gritarme cositas que no me dejó escuchar la bicha, entretanto su inocente hijita -como de 6 años de edad- con mirada feroz, suspendía sus traguitos de Pau-pau para enseñarme la lengua violeta.  ¡¡caray, parecía que estaba viviendo en el comercial que se fusilaron el DIF y Once TV de "children see. children do" o un mismísimo exorcismo!!

Al entrar en Av. Revolución, pude percatarme por el retrovisor, que la alterada damita zigzagueaba buscando alcanzarme ¡y lo logró! La tenaz muchacha se me emparejó por la izquierda y de sus finos labios me dedicó un fogoso “¡¡¡hijadeturepuuutamaaaadreeeeeeeeee!!!!”  …he de mencionar que eso, lejos de insultarme –jamás me tomo personal esos insulsos vituperillos-, me fascina; ser testigo de cómo se dislocan los automovilistas provoca en mí un placer malsano y quisiera que durara más, llevarlos al límite y observar cómo son víctimas de ellos mismos –no lo recomiendo hacer, puede resultar peligroso, pero esa, es otra historia -, así es que ya no pude más, no pude evitar caer en la efervescente tentación que goza mi no muy pequeña inmadurez, me confieso culpable, me rendí a la tentación indescriptible que se gesta en mi estómago cuando ya se les llenó el buche de piedritas, le sonreí mientras de mi boca emanaba la maravillosa y mágica frase que altera a cualquier damita de esa calaña “¡por eso estás fea y arrugada!”, le lancé su respectivo beso y seguí avanzando, mientras por el espejo lateral observaba su carita de sorpresa, enmudecida, tal vez empezando a maquinar su siguiente movimiento.

Antes de cruzar Viaducto, volví a vislumbrar un familiar zigzagueo -¡qué energía de mujer!-, se me emparejó para gritar algo que tampoco entendí, pues cuando se me acercó, subí el vidrio y continué cantando con Bebe, de reojo observé que la damita estaba completamente descompuesta, gritaba como enloquecida, me señalaba sus arruguitas, literalmente se aventaba hacia la ventana y hacía señas para que volteara -¡benditos lentes para el sol, dejan ver tantas cosas!- y cuando percibí su intención de dar vuelta en Viaducto -ya voy conociendo a este tipo de doñas, son muy predecibles, por eso subí el vidrio- aventó “algo” con intención de darle a mi auto y acto seguido, la niña soltó un grito desesperado, lleno de desolación, que se alejó junto con el zigzagueo rumbo al oriente de la ciudad…

Por el espejo lateral observé que lo que encontró a la mano para agredirme fue el Pau-pau que iba tomando su hija, que con poco tino y mucha ira, el violáceo contenido se fue a embarrar en el cofre del auto de atrás, dejando a merced de los demás autos, el envase del sonriente tucán. Con esa imagen que me brindó el espejo, se reveló ante mí la triste causa de aquel pueril grito desgarrado.

Callé a Bebe, y en silencio continué mi camino hacia el sur, pensando en aquella damita culebreando su rumbo, amenizado con los chillidos de su sedienta querubina. ¡Me propongo para otra ocasión, exhortar a mi inmadurez a no repartir besos ni frases que alimenten la frustración de personas que lleven infantes! :S 

2 comentarios:

  1. Awww otro mexicano histérico común nació ante tus ojos u_u

    ResponderEliminar
  2. jaja no nació, se reveló ante mí jojojo XD

    ResponderEliminar