viernes, 5 de noviembre de 2010

INTENTANDO REDIMIR AL DISEÑO GRÁFICO

Por: Sofía Cruz Castañeda
Publicado en DITESO (Diseño, Tecnología y Sociedad), núm. 2, Universidad Autónoma Metropolitana, México, 2009, pp. 67-72.



Cierto día, de cuya fecha no quiero acordarme, me encontraba en la honorable plaza de Santo Domingo, esperando la entrega de unos recibos de honorarios que había ido a imprimir en calidad de urgentes. Mientras aguardaba pacientemente la foliación manual de doscientos cincuenta perentorios recibos, entré en shock cuando escuché, ante la pregunta de un señor que quería saber el costo de un ciento de tarjetas de presentación, la respuesta por parte de la encargada del local -depende si la quiere con diseño, si la quiere con logotipo o no…-

El hombre la miró con un gesto carente de comprensión y entonces la encargada sacó de entre una pila de papeles, una mica que protegía perfectamente una hoja tamaño carta, que evidenciaba impresos en color, todos los gráficos del clip art de Word, y aludiendo a cada uno de ellos, profería -mire, si quiere un logotipo para trabajos de plomería, le podemos poner una llave, una tuerca, este grifo, éste o este otro monito y para albañilería tengo estos ladrillos, le cuesta un poco más porque son a color, pero se ven más bonitas ¿no?...-

El señor asentía sonriendo placenteramente, como si estuviera frente a una pintura realista, mientras contemplaba el logotipo del monito musculoso con camisa remangada, que apoderóse de su mirada y finalmente, fue el seleccionado por su aspecto estético, para ser incluido en sus tarjetas de presentación. Prosiguió pues, interesado más que emocionado, eligiendo entre varios tipos de letras, el color de “las letras”  y decidiendo en qué parte de la tarjeta quería su “logotipo”.

El hecho de que este hombre pusiera en práctica su juicio del gusto no era el motivo por el cual yo estaba teniendo fuertes espasmos gastrointestinales, sino porque una vez más estaba siendo testigo de una fantasmagórica, caliginosa y descoyuntada comprensión que se tiene de lo que es el diseño gráfico.  En menos de veinte minutos el diseño gráfico había sido despojado de todo sentido, fue avasallado por el ejercicio del juicio del gusto de un individuo, como piedra angular para que éste y su autoridad moral, tomara la decisión de integrar en un formato de 9x5 cm, un gráfico policromático del banco de imágenes de Microsoft Word, además de escoger su ubicación y seleccionar una de dos opciones de tipografía, así como de elegir el tono de la misma, todo en pos de que se viera bonito.

No es mi intención rebatir lo bello como atributo de la comunicación en sus distintas manifestaciones y, ante todo, de la publicidad. El problema de diseño que quiero plantear no es de orden estético, cuyo vínculo con el diseño gráfico es evidente, sino la insipiente perspectiva que se tiene del diseño gráfico como actividad y como lenguaje.  Podemos encontrar una gran cantidad de textos que no titubean en hablar de la estética del diseño, sin embargo, se aborda al diseño gráfico desde una perspectiva que pareciera exclusivamente de mercadeo, publicitaria, de crear necesidades de consumo, de presentar estéticamente productos para venderlos, como si el diseño se redujese a un gestor del mal deseo platónico, que “[…] nace de la belleza infusa en lo sensible, y vive en el reino de los sentidos, el mal deseo no conduce a la idea sino a la satisfacción carnal del deseo.” [AUMONT: 2001, 153]

Mi planteamiento atañe precisamente a la concepción y entendimiento del Diseño Gráfico como una actividad multidisciplinaria, que puede incursionar no sólo en la publicidad, sino que existen otras prioridades (socioculturales, ecológicas, de educación, etc.), donde el diseño gráfico también puede encontrar un gran campo de acción y donde tiene una importancia fundamental. Como afirman Enrique Dussel y Jorge Sánchez de Antuñano “Querer hacer del diseño una actividad tecnológica o artística exclusivamente es no comprender su sentido.  El diseño es un acto distinto, propio, integrado, científico-tecnológico-estético: una tecnología estética-operacional o una operación estético-tecnológica sui generis.  Diseñar es un acto relativo a una totalidad cultural (económica, política, sociopsicológica, etc.), dentro de la cual se encuentra.” [DUSSEL: 1993, 192]

Para que se acepte al diseño gráfico como una actividad verdadera, se debe primero tener una concepción clara de esta actividad, empezando por quien la realiza, es decir, el diseñador gráfico.  Pero ¿sabe el diseñador gráfico esto?  El problema radica en que incluso muchos diseñadores gráficos no saben o no pueden definir con claridad lo que hacen, por ende, menos alguien que no es diseñador gráfico.

Mi interés en este tema me ha llevado a navegar por la web también, buscando una luz, tal vez una señal, un llamado divino, ¡algo!  Todo en pos de redimir a la comunidad diseñil…y me he topado con una gigantesca lista de sitios que publican tips para manejar paquetería de diseño, otros que promueven sus servicios como despachos multitask, de escuelas que cuentan con la carrera de diseño gráfico y de muchos más que ofrecen free clip art para diseñadores, es decir: gráficos estáticos y animados, familias tipográficas y tutoriales; solamente unos cuantos (tristemente, pocos en español) con contenido analítico y crítico acerca del diseño gráfico como disciplina.

Lo que está más que claro es que tanto diseñadores como no diseñadores, parecemos tener una comprensión confusa del diseño gráfico, la explicación de lo que hacemos tiende a girar constantemente en torno a lo bonito y a lo visible. Aunque el libro de Forbes se refiera exclusivamente al ámbito de la publicidad, contiene una analogía del diseño gráfico que me parece bastante acertada: “El diseño gráfico no es un postre, es lo que provoca que sientas hambre. Y un buen contenido gráfico debe proveer con todos los requerimientos nutricionales y despertar el deseo de repetir el platillo.” [FORBES: 2000, 41]  En otras palabras, es “menos maquillaje y más hacer por dar existencia material (hacer visible) a un invisible y asignarle una fuerza milagrosa.” [AUMONT: 2001, 16]  Dice Antonio Aguilar Rivera, que el mago renacentista no se ha ido, sólo se ha transformado en manipulador contemporáneo. Considero que el entendimiento del diseño gráfico es más equiparable al poder teológico-monárquico que se ha servido con gran frecuencia de imágenes y de su poder de seducción, sólo que el diseñador crea los vitrales también y hace por que estos sean socialmente identificables.  Así, el diseño gràfico, reivindica, como la pintura realista, “la construcción de un mundo imaginario que produce un fuerte efecto de realidad.” [AUMONT: 2001, 157]

Marina Garone plantea algunos elementos que nos dan una idea del estado actual del diseño, ella señala una falta de reflexión teórica, la mayor parte de la investigación y producción bibliográfica (y en internet), aborda temas relacionados con materiales y procesos de producción o son estudios de casos específicos.  Otra cuestiòn que observa es la falta de una metodología propia, “[…]la carencia de un método universable a los diseñadores ha llevado a dos enfoques que discrepan entre sí, la mimética, que adopta literalmente los criterios de otras disciplinas, que argumenta el diseño mediante aspectos tecnológicos o artísticos; y otro que obedece a las exigencias de una funcionalidad comercial.” [MARGOLÍN: 2001, 83]  También señala la falta de nexos interdisciplinarios con aquellos que estudian la cultura, y el desdibujamiento del perfil profesional del diseñador, ni los usuarios ni nosotros reconocemos con claridad las capacidades reales del diseño.

El diseñador gráfico debe ser responsable de conocer y ejercer su profesión, debe saber expresar esa actividad que realiza, así como el médico o el abogado definen claramente a qué se dedican, cuál es su labor, el diseñador gráfico debe ser digno y respetuoso hacia esa, su actividad. ¿Para qué? Para que pase de ser referido como al que desde chiquito le gustaba dibujar, como el que es tan ocurrente, como el que parece que trabajara en el tianguis y hay que regatearle, para que una noche antes de la entrega no le pidan que cambie una frase que ya convirtió en curvas, para que no le digan que cobra mucho por sus dibujitos, para que rebase las superpobladas aspiraciones de estudiar diseño para trabajar en BBDO o en McAnn, para que reconozca y elija de entre varias opciones, la que más le atraiga para laborar.  Muchos estudiantes de diseño gráfico, aseveran tener claro dónde quieren trabajar, al egresar de la Universidad sólo unos cuantos estarán haciendo lo que les convence y gusta, otros muchos estarán talacheando para pagar su auto y su nueva (pero clásica) MAC, siempre “bien vista” en el medio diseñil.  Todo en pos de hacer “gala de su gusto como hecho social y sujetos al estatus social que éste les brinda.” [AUMONT: 2001, 91]

Así, mi visita a la plaza de Santo Domingo, me ha exhortado a hacer más que una mera experiencia catártica, una reflexión en pos de evidenciar al diseño gráfico como una actividad multidisciplinaria promovida por una necesidad social, cuya finalidad es obtener un producto (material o no), que comunique lingüística y visualmente un mensaje a un preceptor en específico; que se entienda y asuma como una disciplina donde la técnica y los objetivos que se persigan, los dictará o determinará el contexto en el que se desarrolle, donde más que considerar al diseño gráfico como un dominio de aspectos técnicos y formales, pueda ser señalado como un discurso, como un lenguaje que puede intervenir e incursionar en cualquier área que se pueda pensar, siempre y cuando haya un motivo para diseñar. Y que todo ello, nos lleve a concluir que los diseñadores gráficos debemos concientizar que el centro medular de nuestra actividad es el análisis: tener un ojo crítico, es decir, un ojo observador y aguzado, y pertinentemente, también habría que hacer por tener una mente crítica, capaz de evaluar y formular juicios; y de igual manera, reconocer que existe la opción de que nuestros diseños puedan ser críticos, que puedan hacer patente una postura en contra de que el diseño se perciba en un ambiente netamente comercial y en pro de un diseño verdaderamente metadisciplinario que logre la integración real de forma, contenido, tecnología y medios, la originalidad de una visión independiente, bien informada y argumentada, que refleje un saber hacer del diseñador gráfico.  En otras palabras, un honesto dominio de ojo, mente, mano.



BIBLIOGRAFÍA:


• AUMONT, Jacques, La estética hoy, Madrid, CATEDRA, 1998.
• MARGOLIN, Víctor y et. al, Antología de diseño, México, DESIGNIO TEMAS, 2001.
• DUSSEL, Enrique y Jorge Sánchez de Antuñano, DISEÑO. Arte y Función, México, UAM-A, 1993.
• FORBES, Thom, Webworks: advertising, Massachusetts, Rockport, 2000.

2 comentarios:

  1. Estimada Sofía, había tenido tiempo de leer tu artículo, pero no de comentarlo. Me vuelvo a topar con tus reflexiones y me atrevo, esta vez, a soltar preguntas o dudas con las cuales contribuir de este reclamo que realizas.

    Sin duda, los que estamos cercanos a la práctica del diseño nos hemos topado con estas experiencias, de ver despojado al diseño de todo su sentido, por gente que se asume diseñadora sin serlo y por personas que no pueden apreciarlo. Sin embargo, a mi manera de ver, no hay una salida satisfactoria a esta problemática por algunas razones (ya tu me corregirás, si te es posible); en primer lugar, coincido contigo en que una de las muchas dificultades que el diseño enfrenta, se encuentra en que ésta es un área todavía difusa, joven y carente de bases sólidas; aunado a ello, está la contrariedad que enfrenta el diseñador, cuando la demanda productiva del mercado le obliga a realizar procesos técnicos-tecnológicos que le orillan a un divorcio casi completo de la teoría, métodos, lenguajes y prácticas y a reducirle a su función estética –incluso en proyectos fuera del mercado comercial-.

    Pero pregunto, ¿si subsanáramos esto, bastaría para su apreciación y respeto social? No niego la importancia del diseño en el espacio social, pero tengo dudas al respecto. Recordemos que entre el lenguaje gráfico y el lenguaje social tenemos un abismo problemático impresionante. Tal vez, imagino, si la sociedad en su conjunto pudiera tener una noción más certera de lo que ES el diseño (desde luego, después de descubrirlo nosotros mismos), probablemente estos fenómenos, como los que describes en tu artículo, pudieran evitarse. Sin embargo, no estoy del todo segura sobre las consecuencias. Si la gente pudiera comprender lo que implica el diseño, su magnitud, su importancia, su relevancia, su valor como lenguaje, sus reglas y finalidades, es decir, si supiera lo que ES ¿qué le impediría diseñar ella misma?.

    Probablemente, socializar los contenidos del diseño pueda ser una especie de educación diseñística y gráfica que nos permita evitar esa atrocidad del sentido del diseño, pero quizá, la figura del profesional no fuera ya tan necesaria ¿no lo crees?, desde ese punto de vista, seríamos igualmente despojados de nuestra práctica... creo que el problema es mucho más grande de lo que alcanzamos a ver y seguro no lo solucionamos aquí, pero me sumo a tus preocupaciones, y bueno, esta es una breve reflexión para contribuir a seguir pensando al Diseño…

    Saludos.
    Neli V.

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  2. Neliiii!!!! :D
    qué gusto encontrarte por acá!
    Gracias por la reflexión! así es, coincido contigo, y no es tanto que se defina la figura del profesional, sino que se dignifique la profesión, si la gente comprende lo que implica la medicina y su relevancia, lo valora y no por eso se atreven a operar hígados ...bueno, algunos valientes, osados y sin criterio sí lo han llegado a hacer, pero mi punto es solo ése, que si ni nosotros la dignificamos, mucho menos la gente que no se dedica a hacer diseño :S

    Te mando un abrazo :)

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