jueves, 11 de agosto de 2011

DISEÑO GRÁFICO POSMODERNO


He aquí algunos trabajos finales de mis alumnos de Temas selectos de Diseño gráfico, donde según el programa se deben abordar tópicos relacionados con el ámbito profesional, áreas donde se puede desenvolver un diseñador gráfico, el vínculo que existe entre el diseño y el contexto en el que está inmerso, así como las especialidades, posgrados y cursos que existen para su continua preparación.

El proyecto versó en realizar una revista, blog, grupo en redes sociales o website especializado en diseño gráfico, donde se incluyeran los ejercicios, lecturas, reflexiones y ejemplos de los temas vistos en clase -ejemplos que ya existieran y otros que los mismos alumnos realizasen-, todo esto, con el objetivo de redimir la noción general tan confusa, pobre o injusta que se tiene del diseño gráfico -entre colegas y ajenos-, y de igual manera, fomentar una cultura de diseño en México -hasta ahora, un poco en pañales-.

Además de los temas que menciono antes, en particular, uno de los temas que tuvieron que desarrollar fue el del diseño posmoderno, donde se abordasen distintas temáticas de índole social dentro de la comunidad universitaria –como combatir la obesidad, el respeto a los espacios de no fumadores, mantener limpias las instalaciones, mejorar la convivencia, promover la lectura, entre otras-; y siendo un proyecto que englobaría las características del posmodernismo, era necesario que se generasen vínculos entre la actividad comunicadora y el conjunto de las actividades humanas donde no existe un perceptor pasivo, es decir, el preceptor debería ser un actor involucrado en ambas actividades; y los Diseñadores Gráficos que realizaron dicho proyecto, hubieron de registrar con evidencias (video y fotografía), la participación del perceptor, por ende, tanto la apropiación y resignificación de espacios urbanos, así como el efecto sorpresa del neobarroco, juegan un factor imprescindible dentro de un proyecto de diseño de esta índole: el Nuevo Diseño, diseño reflexivo, radical y lúdico -DISEÑO POSMODERNO-. 






He de mencionar que ha sido una gran experiencia ser testigo del proceso de cada proyecto que realizaron mis alumnos, y que todas las anécdotas en torno a esto, son altamente aquilatadas por mi persona, como la de un señor trajeado y entacuchado -del cual no recuerdo su nombre-, quien se acercó a gritos -dirigiéndose a primero a dos alumnas y después a mí-, exigiendo y reclamando que no se podía hacer eso en la escuela, a lo cual, yo muy tranquila le dije "es diseño posmoderno", él se dio la vuelta y alzó los hombros como diciendo "no me importa", acto seguido, queriendo continuar con mi explicación, le dije "neobarroco", tuve que levantar un poco más la voz, pues el educado señor, ya me daba la espalda alejándose.  En cuanto escuchó "neobarroco", volteó indignadísimo y repetí mirándolo ya de frente "¿neobarroco?", a modo de pregunta pues deseaba averiguar si él sabía a qué me refería... inmediatamente su respuesta me contestó con una tajante negativa, pues el señor tenía cara de enojo, molestia, indignación -como el profesor Jirafales cuando está a punto de gritar: ¡¡¡Taa, taaa, taaa, taaaa, taaaa!!!-, e implotado, el don se dirigió a mí "¿¡me dice su nombre profesora!?" en seguida lo escribió en un papelito que traía en la misma mano que portaba su radio... Ahí reparé en la reacción del susodicho señor, creyó que lo insulté con un altisonante "neobarroco", asumió este vocablo como un improperio, como una grosería, como una leperada ¡como una mentada de madre! el hombre se sintió muy ofendido e insultado... y yo, estoica -como pocas veces-, no reí.


Así, quiero dejar este post como un reconocimiento -con reverencia y todo-, a todos y cada uno de mis alumnos -y colegas-, de Temas :)



jueves, 7 de julio de 2011

CORTE COMERCIAL NÚMERO 3 :D

Presentación Antología de cuento breve: Primavera

viernes 5 de agosto de 2011 a las 6PM
en la Casa del Tiempo de la Universidad Autónoma Metropolitana
Pedro Antonio de los Santos, esq. José Mª Tornel, Col. San Miguel Chapultepec, Delegación Miguel Hidalgo, México, D. F.

Presenta: Dra. Herlinda Dabbah Mustri
Invitado especial: Carlos Bracho
En esta ocasión participo con Rutina

lunes, 2 de mayo de 2011

La libertad no se implora, se conquista –y sin machete por favor-



Mientras Osama murió –otra vez-, Guillermo se casó, Juan Pablo anda beato ¡y las lluvias primaverales ya están instaladas como en casa! yo propongo mejor que veamos por milésima ocasión qué pasa con nuestra tan arraigada cultura cívica chilanga.  Propongamos un caso hipotético, supongamos que en la sucursal de un banco, de ese que se autodenomina como el Banco Mundial, tuvieran –digamos-, unas 7 cajas para atender a sus clientes, más los 4 ó 5 escritorios para los llamados Ejecutivos, que lo último que hacen es eso, ejecutar. Ahora bien, supongamos que de esas 7 cajas, solamente funciona, mh… digamos que una sola caja ¿va? –no olvidemos que esto es un caso meramente hipotético-.

Ahora, imaginemos que en esa sucursal hay una fila que se forma de aproximadamente 30 personas y de esas 30 personas, 6 son adultos mayores, que el único cajero atendiendo gente, lleva aproximadamente 15 minutos con el mismo cliente -que de cliente no tiene nada, podríamos mejor llamarlo “ciudadano sometido por el sistema”-, y entonces, los otros 29 ciudadanos sometidos por el sistema empiezan a desesperarse, hablan entre ellos, intercambian quejas para hacer un poco de catarsis, su lenguaje corporal grita con desesperación su frustración: se cruzan de brazos, mueven la piernita -como  señal de impaciencia-, mientras también mueven la cabeza de un lado a otro -como señal de reprobación-, miran fija y hostilmente al cajero –como si él tuviera la culpa-, algunos otros voltean hacia todos lados, como buscando al responsable de sus miserables e injustas vidas.  Y de entre esa fila, sale una viejecita de cabeza blanca, determinada a llegar a uno de esos escritorios donde no se ejecuta nada, y amablemente se dirige al hombrecito flacucho de traje para preguntarle dónde están los otros empleados que atienden las cajas, el flacuchito trajeado le contesta –como un robot amable-, que en seguida lo resuelve, ante tal respuesta la viejecita parece no haberle escuchado y continúa con su amable queja, el flacuchín mira al infinito mientras sigue asientiendo y repitiendo –como robot amable-, que en seguida lo resuelve.

En estos momentos, ni los que tengan cuenta VIP podrían ser atendidos ipso facto, pues su caja de alfombra roja, también está cerrada. Atrás de los cristales se mira entrar con paso apresurado y con cara de “¡ni se atrevan a reclamarme nada porque los escupo!”, a una damisela de traje sastre que ignora a la considerable fila y a sus integrantes, y se pone frenética, a golpear su escritorio con algo que a esta distancia –recordemos que hipotéticamente estamos en la fila-, podríamos adivinar como un sello, así parece que está muy ocupada. Después de unos diez sellazos en su maderita laboral, viendo hacia abajo dice –como un robot, no tan amable-: “pase”. Y como en entrega de diplomas, a quien le toca pasar está en el limbo y el que está atrás de él le tiene que tocar el hombro para despertarlo y señalarle que le habla la selladora tenaz.

Sigamos asumiendo que en este caso, ya casi nos toca ser atendidos, la viejecita de atrás sigue conversando con el aire –y con el flacucho-, ahora todos sabemos que tiene cita con el médico y necesita sacar dinero para pagar la consulta y la medicina ¡ah! Porque hay que añadir algo a este caso para hacerlo aún más increíblemente hipotético, la cereza del pastel: que el cajero automático no funcione y entonces tengas que entrar a formarte para sacar dinero.  Mientras seguimos esperando, vemos un cartel de este banco mundial que nos invita a …¡a no hacer filas! –en este momento está permitido soltar una carcajada-.  Todos los que estamos en la fila, en un momento u otro, tendremos que ver ese cartel de frente –y carcajearnos o llorar-.  Es un contagio emocional, vivimos la misma sensación que cuando estábamos hasta hace poco todavía, prácticamente estacionados en periférico, justo donde colinda el Distrito Federal con el Estado de México y veíamos ese anuncio luminoso –horrible, por cierto-, que nos decía “Ciudad de México, capital en movimiento”. Aclaremos, cuando digo hasta hace poco, me refiero a que el letrero ya no existe, el tránsito estacionamientoso en periférico aún es parte de nosotros.

Bueno, pero regresando a nuestro caso hipotético, si esa mujer de cabeza blanca supiera que puede ser atendida sin necesidad de enterarnos de su vida, las cosas serían distintas, ¿qué les parecería si dejáramos pasar a los adultos mayores? Que no tuvieran que formarse para ser atendidos en los bancos, y no como en un acto de bondad o pureza del alma ¡sino como cuando le jalas a la manija después de ir al baño!  Así debería ser, por puro sentido común y por simple y llana consideración, de hecho, así es en teoría, nada más que nadie lo sabe o hace por olvidarlo, pero si un viejecito entra a un banco y solicita ser atendido, es deber moral del banco, atenderlo.  El problema de fondo, ya lo sabemos, es el sistema y los “dejados”: el banco recortó personal y que el cliente se someta –lease chingue-. Pero no es el único problema, otro problema –también de fondo- es que no somos capaces de ver más allá de nosotros mismos como buenos chilanguitos que somos. Así es que ¡chilango, revoluciónate! si el personal bancario se hace tonto, pasa la voz, dile a tu viejecito más cercano que solicite ser atendido cuando tenga que ir al banco, dile que mencione que está recién operado –está en el reglamento interno de cualquier banco, pero no lo dicen-, y lo atenderán sin chistar.

Retomando por última vez este caso hipotético, ya cuando nos toque el turno de ser atendidos, le podemos decir al adulto mayor más cercano a nosotros que pase, todos los demás integrantes de la larga fila nos mirarán con ojos de sorpresa, no sabrán qué sentir, no sabrán cómo reaccionar, estarán confundidos, estarán azorados ¡y bien enmudecidos! Es cien porciento seguro que el viejecito aceptará tal oferta, ningún adulto mayor se negará a ser atendido, y cuando volvamos a escuchar el tan anhelado “pase”, entonces pasemos nosotros, los demás nuevamente pelarán los ojos, pero no se atreverán a decir nada –eso sí, preparen el discurso por si surge algún gallito-, y cuando concluyamos nuestro trámite, respiremos y dirijámonos a los viejecitos que aún están formados, para informarles que no tendrían por qué estar formados, pasémosles el tip del recién operado y salgamos del banco sintiendo todas las miradas sobre nosotros, pero una vez más, nadie dirá nada.

Y colorín colorado, este cuento no ha acabado.

domingo, 30 de enero de 2011

Oda a la vecindad... a mi vecindad condominal





Érase que se era, un edificio color ostión, ubicado casi junto al remozado circuito bicentenario, ese circuito que vio pasar ballenas de concreto por más de un año, ese circuito que viene de Churubusco y pasa por San Antonio para poder llegar a Benjamín Franklin, esa avenida que se hacía llamar Patriotismo y que desde hace poco lleva un apellido nauseabundamente falso, desde donde se pueden alcanzar a escuchar a las patrullas diciendo “abran paso, abran paso”, las ambulancias con torreta y sirena nuevas dirigiéndose al lugar del choque, los silbatos de los que con ahínco y esmero deterioran más el tránsito –y los oídos de los peatones, entre los que ha estado la que escribe-.  Una avenida donde cada domingo último de mes se pueden apreciar a los chilangos ciclistas muy entusiastas y desmañanados pedaleando  en 3 de los 6 carriles, hasta las dos de la tarde, pero que antes ocupaban los 6 carriles para darle duro al ejercicio paseador y hacían un silencio dominical aterrador hasta medio día.

En este lugar de la tierra nunca falta un “muéeeveteee pendeeeejooooo” durante el día, un “teníiias que seeeer vieeeejaaaa” ocupa el 2o lugar de los más sonados –sobre todo entre semana-.  Los rechinidos de llanta son a la noche de aquí, como los grillos a la noche del campo.  Aquí no te despiertan con su cantar gorgoriteante los pajaritos o algún gallo madrugador, aquí te despiertan los cláxones que entonan sus mejores mentadas de madre hacia ese factor misterioso y de ultratumba que provocó que no avanzaran aún teniendo la luz verde,  pero mientras esa fuerza superior ignora la luz verde y los obliga a permanecer inmóviles atravesados como una infinita serpiente a la cual le importan un cacahuate los “cruces de cortesía” que reposan bajo su panza, los automovilistas entran en una vorágine de emociones iracundas de impulsos asesinos, donde todos se van contagiando, y así unos y otros, en contrapunto, mantienen un claxon sostenido y la mandíbula desencajada hasta que pueden avanzar un metro en 5 segundos, y de ahí volver a tomar vuelo y repetir la catarsis.

Y hablando de esos circulitos de cordialidad en potencia - ¡ja! que bien merecerían dedicarles un solo relato en otra ocasión-, esta avenida cuenta con tantos “cruces de cortesía”, que más que una señal de tránsito, son un símbolo que representa al dulce y tranquilo chilango contemporáneo.  También desde aquí se pueden vivir –literalmente- a los muchos motociclistas que pasan al rededor de las 11 de la noche dominical a hacer vibrar el reencarpetado del bicentenario, igual que al tierno don que pasa todos los sábados por la mañana, con su alentador altavoz en mano, a compartirnos las noticias de asesinatos, descuartizados y violados de la semana, el señor de los camotes que al parecer hizo un estudio de a quién le puede resultar más incómodo, y cada noche se posiciona bajo la ventana de la sala a pitar desenfrenadamente hasta acabar con mis oidos, mientras una vecina, se asoma cual Rapunzel defeña atrapada en su pent house –ahora en venta, pido fanfarrias- y grita desde su ventana, con una dulce voz que compite con los autos y con los cláxones de Patriotismo para poder ser escuchada: “señoooooor, hágame cinco plátanooos con lechera y sin mermelada ¿sí? ahorita le bajan el dinerooo”, el pitido del carrito calla, el pitido de Pirunzel pidiendo camotes lo ha opacado, la adolescente hija de Pirunzel baja obligada y con cara de idem a pagarle al señor de los camotes, el señor de los camotes se despide de mí, dedicándome el último pitido de la noche, largo, cerca ¡muy largo y muy cerca! Mi tímpano perece.

En este mismo punto que ahora en Google maps se puede ubicar a la perfección, a lo lejos se escucha otra dulce voz que entona “pida sus ricos y deliciosos tamales oaxaqueños, tamales calientitos…”, al mismo tiempo que por el interfon me dice una señora que quiere compartir conmigo la palabra de Dios, mientras tocan padre e hijo la tambora formados atrás de la compartida señora, esperando su turno para tocar el timbre…y así existen una infinidad de eventos que ambientan visual y sonoramente a esta parte de la ciudad, donde se encuentra encallado en las piedras de concreto, el edificio color ostión crudo que no he olvidado que es el motivo de que la que escribe, haya abierto un nuevo documento para relatar su triste historia.

A este honorable edificio rodeado de tanto movimiento y folclor, lo vinieron a visitar por la noche personas que no fueron invitadas a pasar, pero que entraron por la puerta del lobby gracias a la imprudencia y falta de juicio una vez más deeeeee, deeeeeeeeeeee… ¿¿¿¿deeeeeeeeeeeeeeeeee????
…¡efectivamente público conocedor! ¡¡¡¡Adoptada es la respuesta correcta!!!! La Thalía de la Benito Juárez, nuestra Thalía decidió hace dos días darles las llaves a los de la compañía telefónica que contrató -porque que con otra compañía le cortaron el teléfono y la portera ya se quejó de recibir llamadas para Adoptada porque debe tantísimo a C&A (jajajajajajajajajajajajaja)- así es que haciendo gala de sus dos neuronas en coma y de la pereza de bajar a abrirles dos, tres, cinco veces a los trabajadores… pues primero asignó a uno de sus gremlins seisañeros a que bajara a abrirles ¿¡y como por qué no, verdad!? Después decidió, con la última neurona sancochada en el aceite de aquel memorable bistec ¡que mejor les daba las llaves para que los de Axtel entraran y salieran libremente y cuantas veces lo requirieran!

¿Qué pasó después? Lo ignoramos todos, pero anoche como a las 2am llegaron las visitas, abrieron con llave(s), de la cochera se llevaron dos bicicletas de montaña y una escalera de esas plegables y salieron por la cochera dejando las puertas de par en par y con las nachitas de mi auto al aire… Hoy, como ya es tradición en el edificio, cada año casi siempre en el primer trimestre, alabamos con ofrendas monetarias al cambio de combinación y nuevos juegos de llaves… gracias a personajes como dulce nana Mari and the beanstalk que ha dejado las llaves pegadas -¡por fuera!-, a una ex muchacha vengativa y rencorosa que envió a sus compas con juego de llaves y todo a limpiar su honra y el depa del patrón, y ahora la terna la completa Adoptada ¡Adoptadita de mis amores! ¿qué haría yo sin ti? 

Porque eso no es todo, ahora el esposo de la portera tuvo que ir corriendo (porque una de las bicicletas robadas era de él), a comprar un súper candado, para que además de las mil combinaciones en el lobby, a la puerta de la cochera -automática y con dos travesaños- ahora se le adorne como cereza en malteada, con un bonito candado color oro y que el hecho de que sea automática o no, pase a ser un factor intrascendente, todo sea en pos de estar “más seguros”, ¡porque claro, todo mundo sabe que el candado dorado hace la diferencia!  Y así, yo he de sufrir mi pena sola, sufrir este encierro impuesto y obligado por la maldita democracia condominal, ahora para salir hay que sortear combinaciones y pruebas anti robo que toman más tiempo que llegar a mi destino.  Todo porque todo mundo tiene miedo de la inseguridad y no han entendido sus mentecitas chiclosas que la única que representa una temible inseguridad para este edificio es Adoptada (llanto desgarrador)


¡antes muertos que asaltados y que robados y que ultrajados!
Es la verdad, porque somos así, nos gustan los candados y nos gusta no saliiiiiiir…
 (musicalizado tipo María Isabel)